Lo único que iluminaba aquél baño mugriento era una bombilla
que parpadeaba luz. El cristal del espejo tenía grietas y estaba ligeramente
empañado por la suciedad por lo que no podía verme claramente, pero si podía
ver mi alma rota.
¿Cómo pude dejar que todo llegara tan lejos? Estaba cegada
por esos ojos verdes que reflejaban la frialdad que vivía dentro de él.
Cambié mi apariencia por él.
Maldita sea, incluso cambié mi forma de ser por él.
Peleé con mis padres, con mi hermano, con mis amigos, todo
por él.
¿Y qué recibí a cambio? Nada, absolutamente nada, aparte de
dolor y angustia.
Golpeé el borde del lavabo con la palma de mi mano en
frustración y dolor. Las lágrimas se resbalaban rápidamente por mis mejillas y no podía controlar mis
sollozos y respiraciones cortadas.
Mientras más tiempo pasaba más frustrada y enfadada conmigo
misma me sentía.
Dejé caer mi cuerpo contra el sucio suelo, cerré los ojos y
los recuerdos empezaron a proyectarse contra el interior de mis párpados como
si fueran pantallas de cine.
Harry no respondía mis
llamadas y tampoco mis mensajes. No le había visto desde anoche y, aunque no
debería porque no es la primera vez que hace esto, estoy preocupada, anoche
tuvimos una pelea horrible y él decidió salir por la puerta dejándome sola con
el sonido de un portazo.
Yo seguía llamando.
Él seguía sin
contestar.
No podía quedarme en
casa de brazos cruzados esperando a que él apareciera por la puerta borracho.
No esta vez. Si iba a seguir comportándose así entonces era hora de terminar
con mi agonía y alejarme de él.
Anudé mi bufanda alrededor
de mi cuello, fuera estaba nevando. Si tenía suerte el coche arrancaría y no
tendría que andar para llegar a los sitios a los que él suele ir, pero no la
tuve.
Las calles de Londres
estaban completamente vacías, yo era la única tonta que estaba en la calle con
este frío en busca de alguien que ni siquiera estaría pensando en mí.
Seguramente estará
borracho en un bar o despotricando sobre lo horrible que soy en casa de algún
amigo, cuando digo amigo me refiero a una botella de Jack Daniels y cuando digo
casa me refiero a alguna acera.
Harry es tan confuso…Un
día no puede dejar de besarme y decirme cuánto me quiere y al siguiente se
enfada sin razón aparente y corre al bar.
Necesitaba acabar con
esto.
Entré a uno de los
bares que suele visitar Harry pero no le localicé, aún así decidí preguntar a
el chico que estaba detrás de la barra.
“Hola, perdón, ¿has
visto a un chico alto, delgado y pelo rizado?” pregunté apoyándome contra la
barra.
“Sí, estuvo aquí
anoche. Se fue con unas chicas a una fiesta que se celebraba unas calles más
abajo, te escribiré la dirección en un papel.” Contestó con una sonrisa amable,
seguro que se dio cuenta de que mi rostro cambió radicalmente de expresión
cuando mencionó a las chicas.
Me dio el papel,
asentí en agradecimiento y me fui.
¿Otras chicas? Un
dolor agudo atravesó mi pecho al pensar en Harry con otras chicas. No se iba a
salir con la suya, sabía que iba a volver a casa y esperar a que yo le dejase
comportarse como él quisiera, no esta vez.
Anduve rápidamente por
las calles buscando el lugar que me dijo el camarero.
Encontré el edificio de
pisos. La enorme puerta de hierro estaba abierta así que la empujé, pesaba
bastante. Subí las estrechas escaleras hasta llegar al tercer piso.
Cuando vi la puerta de
entrada al piso en el que seguramente estaría Harry mi corazón dio un vuelco y
sentía como si estuviesen apretando mi estómago, no sabía que lo peor estaba
por venir…
La puerta estaba
encajada así que entre cautelosamente.
Todo estaba en
silencio. El suelo estaba repleto de botellas, vasos de plástico y papeles.
Llegué a lo que parecía ser el salón, todo el mundo estaba dormido en el suelo,
el sofá, incluso había una chica tirada encima de una mesa.
La luz de sol que se
colaba por las cortinas dejaba ver el polvo flotando en la atmósfera, el lugar
olía a alcohol y tabaco.
Harry no estaba tirado
en el suelo del salón, no sabía si eso era bueno o malo.
A medida que me hacia
paso por el pasillo encontraba a gente dormida en el suelo.
No había fotos en las
paredes, sólo grafiti y manchas así que este piso estaría seguramente
abandonado.
Entré a una habitación
que estaba completamente a oscuras, tocaba la pared en busca del interruptor de
la luz.
Al encenderla escuché
un gruñido y cerré mis ojos porque la luz me molestó por un segundo. Parpadeé
varias veces y centré la vista en las personas que estaban en la cama, una
chica de larga y despeinada melena castaña estaba tumbada encima de…Harry.
Lo único que les
cubría era una fina sábana blanca, sabía que estaban desnudos porque sus ropas
estaban esparcidas por el suelo.
Miré a Harry y vi como
se quitaba a la chica de encima y se quedaba sentado en el colchón, parecía
desorientado.
Fue entonces cuando se
percató de mi presencia, me miró y yo me sentía…adormecida. No sentía
absolutamente nada, no podía moverme, estaba paralizada.
Se levantó aprisa y se
cubrió con una sábana.
“Taylor por favor, por
favor, escúchame.” Me suplicó acercándose a mí, yo seguía sin saber cómo
reaccionar. “Di algo, por favor.”
“¿Qué diga algo?” me
atreví a contestar al final, si quería que hablase, hablaría. “Así que
discutimos y tú no sólo te vas de fiesta, también decides ponerme los cuernos,”
hice una pausa y él cerró los ojos apretándolos, “y además me pides que te
escuche, no Harry, no te voy a escuchar, se acabó todo, se acabó.”
Al decir ese último se
acabó algo dentro de mí se despertó: dolor.
Sentía como si me
hubieran clavado un puñal en el corazón y lo estuviesen retorciendo y
retorciendo hasta destrozarlo.
Corrí fuera de aquél
infierno pero no podía correr fuera de mi mente ni del dolor. No debería
sorprenderme de que Harry me haya traicionado de esta manera, no sólo a mí,
sino a mi amor hacia él…Pero el dolor es el mismo.
A medida que corría a través
de los copos de nieve que caían desde el cielo sentía las lágrimas quemarme las
mejillas, y el puñal de mi corazón estaba retorciéndose cada vez más
lentamente, haciendo el dolor más intenso.
No sé cómo ni cuando acabé en este baño de un bar, el dolor
no me dejaba ver más allá, pero aquí estoy. Sola y malherida en mi interior.
Me senté apoyando mi cabeza contra mis rodillas. Ninguna
pose parecía cómoda contra el frío suelo.
Oí la puerta del baño
chirriar al abrirse, no levanté la cabeza, no me importaba quién fuera. Los pasos se acercaban a mí lentamente, como
si la persona dudara, yo sólo rezaba para que no fuera Harry.
“Sabes…Mmm…Sabes que éste es el baño de hombres ¿verdad?”La
duda en aquella voz más bien aguda me hizo levantar la cabeza.
No era Harry, era un chico alto de pelo castaño y ojos
azules que me miraba con preocupación.
“Oh, lo siento.” Me levanté y me sequé las lágrimas de mis
ojos.
Salí del bar, no tenía dónde ir, Harry estaría en casa esperándome
para hacer como que nada ha pasado.
Seguía nevando, parecía que ya era por la tarde lo que
significa que he tenido que estar bastantes horas en ese baño, tenía hambre y
frío. Metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón y encontré varias monedas,
las suficientes para poder pagar un billete de autobús, pero, ¿dónde iría? Mis
padres no querían tener nada que ver conmigo desde que empecé a salir con
Harry, dejé a mis amigos de lado y mi única casa era la que compartía con
Harry, su casa.
Me senté en un banco que había justo enfrente del bar a
pensar qué podía hacer ahora, todas mis cosas estaban en casa de Harry, incluso
mi guitarra y la necesitaba, con ella tocaba en bares y pequeñas fiestas, era
lo único que me podía dar dinero. Las
lágrimas empezaron a caer otra vez, todo esto era culpa mía, no podía culpar a
Harry de ninguna manera pues yo fui la que aceptó salir con él a sabiendas de
que todo lo que está pasando ahora pasaría algún día, tarde o temprano.
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