jueves, 5 de septiembre de 2013

Uno.

Lo único que iluminaba aquél baño mugriento era una bombilla que parpadeaba luz. El cristal del espejo tenía grietas y estaba ligeramente empañado por la suciedad por lo que no podía verme claramente, pero si podía ver mi alma rota.
¿Cómo pude dejar que todo llegara tan lejos? Estaba cegada por esos ojos verdes que reflejaban la frialdad que vivía dentro de él.

Cambié mi apariencia por él.
Maldita sea, incluso cambié mi forma de ser por él.
Peleé con mis padres, con mi hermano, con mis amigos, todo por él.

¿Y qué recibí a cambio? Nada, absolutamente nada, aparte de dolor y angustia.
Golpeé el borde del lavabo con la palma de mi mano en frustración y dolor. Las lágrimas se resbalaban rápidamente por  mis mejillas y no podía controlar mis sollozos y respiraciones cortadas.
Mientras más tiempo pasaba más frustrada y enfadada conmigo misma me sentía.
Dejé caer mi cuerpo contra el sucio suelo, cerré los ojos y los recuerdos empezaron a proyectarse contra el interior de mis párpados como si fueran  pantallas de cine.

Harry no respondía mis llamadas y tampoco mis mensajes. No le había visto desde anoche y, aunque no debería porque no es la primera vez que hace esto, estoy preocupada, anoche tuvimos una pelea horrible y él decidió salir por la puerta dejándome sola con el sonido de un portazo.
Yo seguía llamando.
Él seguía sin contestar.
No podía quedarme en casa de brazos cruzados esperando a que él apareciera por la puerta borracho. No esta vez. Si iba a seguir comportándose así entonces era hora de terminar con mi agonía y alejarme de él.
Anudé mi bufanda alrededor de mi cuello, fuera estaba nevando. Si tenía suerte el coche arrancaría y no tendría que andar para llegar a los sitios a los que él suele ir, pero no la tuve.
Las calles de Londres estaban completamente vacías, yo era la única tonta que estaba en la calle con este frío en busca de alguien que ni siquiera estaría pensando en mí.
Seguramente estará borracho en un bar o despotricando sobre lo horrible que soy en casa de algún amigo, cuando digo amigo me refiero a una botella de Jack Daniels y cuando digo casa me refiero a alguna acera.
Harry es tan confuso…Un día no puede dejar de besarme y decirme cuánto me quiere y al siguiente se enfada sin razón aparente y corre al bar.
Necesitaba acabar con esto.
Entré a uno de los bares que suele visitar Harry pero no le localicé, aún así decidí preguntar a el chico que estaba detrás de la barra.

“Hola, perdón, ¿has visto a un chico alto, delgado y pelo rizado?” pregunté apoyándome contra la barra.

“Sí, estuvo aquí anoche. Se fue con unas chicas a una fiesta que se celebraba unas calles más abajo, te escribiré la dirección en un papel.” Contestó con una sonrisa amable, seguro que se dio cuenta de que mi rostro cambió radicalmente de expresión cuando mencionó a las chicas.

Me dio el papel, asentí en agradecimiento y me fui.
¿Otras chicas? Un dolor agudo atravesó mi pecho al pensar en Harry con otras chicas. No se iba a salir con la suya, sabía que iba a volver a casa y esperar a que yo le dejase comportarse como él quisiera, no esta vez.

Anduve rápidamente por las calles buscando el lugar que me dijo el camarero.
Encontré el edificio de pisos. La enorme puerta de hierro estaba abierta así que la empujé, pesaba bastante. Subí las estrechas escaleras hasta llegar al tercer piso.
Cuando vi la puerta de entrada al piso en el que seguramente estaría Harry mi corazón dio un vuelco y sentía como si estuviesen apretando mi estómago, no sabía que lo peor estaba por venir…

La puerta estaba encajada así que entre cautelosamente.
Todo estaba en silencio. El suelo estaba repleto de botellas, vasos de plástico y papeles. Llegué a lo que parecía ser el salón, todo el mundo estaba dormido en el suelo, el sofá, incluso había una chica tirada encima de una mesa.
La luz de sol que se colaba por las cortinas dejaba ver el polvo flotando en la atmósfera, el lugar olía a alcohol y tabaco.

Harry no estaba tirado en el suelo del salón, no sabía si eso era bueno o malo.
A medida que me hacia paso por el pasillo encontraba a gente dormida en el suelo.
No había fotos en las paredes, sólo grafiti y manchas así que este piso estaría seguramente abandonado.

Entré a una habitación que estaba completamente a oscuras, tocaba la pared en busca del interruptor de la luz.
Al encenderla escuché un gruñido y cerré mis ojos porque la luz me molestó por un segundo. Parpadeé varias veces y centré la vista en las personas que estaban en la cama, una chica de larga y despeinada melena castaña estaba tumbada encima de…Harry.
Lo único que les cubría era una fina sábana blanca, sabía que estaban desnudos porque sus ropas estaban esparcidas por el suelo.
Miré a Harry y vi como se quitaba a la chica de encima y se quedaba sentado en el colchón, parecía desorientado.
Fue entonces cuando se percató de mi presencia, me miró y yo me sentía…adormecida. No sentía absolutamente nada, no podía moverme, estaba paralizada.
Se levantó aprisa y se cubrió con una sábana.

“Taylor por favor, por favor, escúchame.” Me suplicó acercándose a mí, yo seguía sin saber cómo reaccionar. “Di algo, por favor.”

“¿Qué diga algo?” me atreví a contestar al final, si quería que hablase, hablaría. “Así que discutimos y tú no sólo te vas de fiesta, también decides ponerme los cuernos,” hice una pausa y él cerró los ojos apretándolos, “y además me pides que te escuche, no Harry, no te voy a escuchar, se acabó todo, se acabó.”

Al decir ese último se acabó algo dentro de mí se despertó: dolor.
Sentía como si me hubieran clavado un puñal en el corazón y lo estuviesen retorciendo y retorciendo hasta destrozarlo.
Corrí fuera de aquél infierno pero no podía correr fuera de mi mente ni del dolor. No debería sorprenderme de que Harry me haya traicionado de esta manera, no sólo a mí, sino a mi amor hacia él…Pero el dolor es el mismo.

A medida que corría a través de los copos de nieve que caían desde el cielo sentía las lágrimas quemarme las mejillas, y el puñal de mi corazón estaba retorciéndose cada vez más lentamente, haciendo el dolor más intenso.

No sé cómo ni cuando acabé en este baño de un bar, el dolor no me dejaba ver más allá, pero aquí estoy. Sola y malherida en mi interior.
Me senté apoyando mi cabeza contra mis rodillas. Ninguna pose parecía cómoda contra el frío suelo.
Oí  la puerta del baño chirriar al abrirse, no levanté la cabeza, no me importaba quién fuera.  Los pasos se acercaban a mí lentamente, como si la persona dudara, yo sólo rezaba para que no fuera Harry.

“Sabes…Mmm…Sabes que éste es el baño de hombres ¿verdad?”La duda en aquella voz más bien aguda me hizo levantar la cabeza.

No era Harry, era un chico alto de pelo castaño y ojos azules que me miraba con preocupación.

“Oh, lo siento.” Me levanté y me sequé las lágrimas de mis ojos.

Salí del bar, no tenía dónde ir, Harry estaría en casa esperándome para hacer como que nada ha pasado.
Seguía nevando, parecía que ya era por la tarde lo que significa que he tenido que estar bastantes horas en ese baño, tenía hambre y frío. Metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón y encontré varias monedas, las suficientes para poder pagar un billete de autobús, pero, ¿dónde iría? Mis padres no querían tener nada que ver conmigo desde que empecé a salir con Harry, dejé a mis amigos de lado y mi única casa era la que compartía con Harry, su casa.


Me senté en un banco que había justo enfrente del bar a pensar qué podía hacer ahora, todas mis cosas estaban en casa de Harry, incluso mi guitarra y la necesitaba, con ella tocaba en bares y pequeñas fiestas, era lo único que me podía dar dinero.  Las lágrimas empezaron a caer otra vez, todo esto era culpa mía, no podía culpar a Harry de ninguna manera pues yo fui la que aceptó salir con él a sabiendas de que todo lo que está pasando ahora pasaría algún día, tarde o temprano. 

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