Levanté la vista del libro en un sobresalto. Me encontré con un chico
pelirrojo, su pelo estaba despeinado y tenía barba.
“Responde.” Dijo cruzándose de brazos, estaba enfadado.
“Pues, Louis…”
“¿Louis? Ah, claro, eres otro de sus ligues.” Me interrumpió.
¿Otro de sus ligues? Louis no parecía de esos, pero claro, no puedes juzgar
a un libro por su portada.
“No yo no…”
“Ella no es otro de mis ligues, Ed.” Me volvieron a interrumpir, esta vez
era otra persona; Louis entró a la sala mirando fijamente al tal Ed. “La
encontré en un banco, no tiene dónde ir y estaba congelándose allí.”
“Oh, ¿ahora vas de buen samaritano?” Dijo Ed, el sarcasmo se reflejaba
claramente en su voz.
“Tenemos que hablar, en seguida volvemos Taylor. Estás en tu casa.” Louis
agarró a Ed por el brazo y prácticamente lo arrastró fuera del salón.
Me dejé caer en el sillón, estaba exhausta y hambrienta. Después de unos
segundos solté un suspiro y me levanté, comería algo y me iría de casa de
Louis, estaba claro que a su compañero le molestaba mi presencia y aquella no
era mi casa. Antes de irme, le preguntaría a Louis si podía utilizar su móvil
para hacer una llamada, la batería del mío había muerto.
Estaba agradecida de que me dejara quedarme en su casa, pero
no quería molestar a nadie y tampoco me iba a quedar allí para siempre, tendría
que hablar con Harry y buscarme otro sitio donde vivir…
La guerra de sentimientos volvió a empezar en mi cabeza.
¿Por qué Harry no podía quererme como yo le quería a él?¿Por
qué no podía dejar sus paredes caer y dejarme entrar? Yo le dejé destruir mis
paredes, ¿por qué no podía dejarme que yo hiciera lo mismo con él?
Siempre he sido tan ingenua…
Decidí intentar pensar en otra cosa o acabaría llorando en
el suelo de la cocina de Louis.
Antes pensé en pedirle a Louis que me dejara hacer una
llamada, pero ¿a quién llamaría? Los números de varios amigos seguían guardados
en mi memoria, entonces su nombre apareció rodeado de luces parpadeantes en mi
cabeza: Nina.
Nina siempre me apoyó en todo, nunca me dejó de lado, pero
yo a ella sí. Nos distanciamos una vez que Harry y yo nos fuimos a vivir solos,
supongo que ese era el plan de Harry desde el principio: vivir juntos para que
él pudiera jugar con mis sentimientos como quisiera.
¿Por qué cada vez que mi mente pensaba en algo redirigía mis
pensamientos hasta Harry? Estaba mentalmente exhausta.
Abrí la nevera
buscando algo que me diese fuerzas para continuar. La nevera estaba repleta de
alimentos, hacía tiempo que no veía una nevera así de llena. Encontré un trozo
de tarta de chocolate, ¿qué mejor que comer chocolate cuando estás deprimido?
Saqué el trozo de tarta y me senté en la encimera, hacía
bastante tiempo que no comía una tarta de chocolate tan deliciosa. Antes solía
cocinar muchos postres con mi madre, pero cuando me mudé el dinero no nos
llegaba para poder hacer tartas, a veces casi no nos llegaba para comer comida
decente y Harry y yo nos solíamos alimentar con comida rápida casi todos los
días.
Oí los pasos de alguien acercarse a la cocina y escondí el
plato detrás de mí, a lo mejor ese trozo de pastel era de alguien y yo me lo
estaba comiendo cuando no debería.
“Aquí estás, no te encontraba.” Suspiró Louis apoyándose contra
el marco de la puerta.
Asentí bajando la mirada hacia mis pies.
“Ed se va a enfadar muchísimo contigo.” Comentó y levanté la
cabeza preocupada. “Te has comido su trozo de tarta.” Continuó esbozando una
sonrisa torcida.
Sabía que no debería haberme comido ese trozo de tarta…
“Yo no me he comido ningún trozo de tarta…” Mentí entrecerrando mis ojos.
“¿Estás segura?” Preguntó él llevándose el pulgar hacia una
de sus comisuras y frotándosela.
Genial, me habían pillado porque tenía la boca manchada de
chocolate. Puse los ojos en blanco y me pasé la mano por la boca intentando
limpiarla.
“No te preocupes, no se lo diré a nadie.” Dijo acercándose a
mí.
“Creo que debería irme, he pensado en llamar a una vieja amiga
y pedirle que me deje quedarme en su casa hasta que encuentre algún lugar donde
vivir.” Comenté llevándome el final de la manga de la sudadera hasta mi boca.
“¿No estás a gusto aquí?”Preguntó Louis haciendo una mueca
triste.
“Sí, sí lo estoy pero no quiero molestar, tu amigo…”
“No digas tonterías, tú no me molestas en absoluto.”Me
interrumpió.”Ed se acostumbrará a ti, sino tendrá que atenerse a las
consecuencias.”
¿Consecuencias?¿Qué quería decir con eso?
“Te vas a quedar aquí todo el tiempo que necesites. Mañana
iremos a conseguirte algo de ropa y un cepillo de dientes.” Dijo sonriendo.
“Pero yo…”
“Sh, te vas a quedar y ya está” Me volvió a interrumpir
acercándose aún más a mí.
No volví a decir una palabra más, sabía que iba a perder la
discusión y ésta casa no estaba mal.
Se dejó caer un poco hacia delante y yo me aparte, ¿qué intentaba?...Entonces
noté que desvió su cuerpo hacia la derecha y sacó el plato con el trozo de
tarta de detrás de mí y me lo volvió a poner sobre las piernas. Me di cuenta de que estaba mordiendo el final
de la manda de su y la aparté de mi
boca rápidamente sonrojándome, era una costumbre pero esta sudadera era suya,
él soltó una risa suave y yo sonreí llevándome el tenedor a la boca.
La tarde pasó rápidamente, Louis se sentó a mi lado en la
encimera y esperó a que me terminara el trozo de tarta.
Luego me enseñó todas las habitaciones de la casa. Había
cuatro habitaciones incluyendo la de Louis y la de Ed, dos baños y un desván.
Decidí que el desván era mi lugar favorito, era entero de madera y el techo
estaba inclinado, había un viejo tocadiscos y un baúl repleto de vinilos antiguos,
llenos de polvo, me dio bastante pena verlos deteriorados.
Eran las nueve de la noche cuando nos sentamos en otro salón
aparte en el que sólo había libros, había visto la estantería del salón, pero
esto era muchísimo mejor. Louis encendió la chimenea y nos sentamos en el
suelo.
“¿Cuántos años tienes Taylor?” Me preguntó cuando se estaba
sentando.
“Tengo dieciocho.”
“Vaya eres muy joven para vivir con tu novio a solas, ¿no?”Preguntó
alzando una ceja.
Yo bajé la cabeza, había pasado las últimas horas sin que
Harry se asomara por las esquinas de mis pensamientos…Hasta ahora.
“Lo siento, no ha estado bien preguntarte esto.” Se disculpó
desviando la vista hacia el fuego.
“No pasa nada es que…Está muy reciente.” Contesté intentando
que las lágrimas no volvieran a aparecer.”¿Cuántos años tienes tú?”Le pregunté,
necesitaba cambiar de tema.
“Veintiuno.”
“¿Veintiuno?¿No eres muy joven para vivir solo?”Pregunté en
tono sarcástico.
“La herede cuando mis padres murieron en un accidente hace
unos años…”Contestó cabizbajo.
“Oh, yo…Lo siento, de verdad, no debería haber preguntado.”
Me disculpé apoyando una de mis manos en su hombro.
“No pasa nada, estoy bien, mi primo Ed se vino conmigo a
vivir así que ya no estoy sólo.” Levantó la cabeza, me miró y esbozó una
sonrisa ladeada.
“¿Primo? No os parecéis en nada.” Musité sorprendida.
“La genética quiso que yo fuera el primo guapo.” Respondió
soltando una carcajada.
No sé exactamente cuánto tiempo estuvimos allí sentados
sobre una alfombra al lado del calor de la chimenea, pero se me pasó volando.
Le conté mi historia con Harry, cómo era mi vida antes de
que él apareciera y cómo de destruida esta ahora que hemos roto. Él escuchó
atentamente, Harry nunca me escuchó ni una sola vez en toda nuestra relación.
Le expliqué como a veces Harry podía ser cariñoso, pero el
resto del tiempo era celoso y controlador, no confiaba en mí.
Él me contó que ha tenido varias novias pero que él buscaba
algo serio, ellas sólo se interesaban por su dinero, eso me puso triste. En el
poco tiempo que he pasado con él, he podido comprobar que es todo un caballero
y que sin duda sabe tratar bien a una mujer.
Contamos anécdotas de nuestra infancia y nos dimos cuenta de
lo mucho que teníamos en común, a él
siempre le ha entusiasmado la literatura y leía muchos libros de pequeño, al
igual que yo. Nos gustaba todo lo que tuviera que ver con el otoño y el té.
Poco a poco, y sin darme cuenta, me dormí.
Veía un bosque oscuro y siniestro lleno de árboles secos y
muertos. Yo corría podía oír mi respiración agitada y mis sollozos. Huía de
algo, pues sentía un miedo que se extendía por cada fibra de mi cuerpo. Me
detuve y miré a mi alrededor, apareció una figura masculina de entre los
árboles, a medida que se acercaba a mí yo retrocedía, asustada intenté gritar
pero no podía proyectar mi voz. La figura se acercaba cada vez más y más, quien
quiera que fuera estaba cabizbajo y caminaba arrastrando una tristeza enorme.
Cuando estuvo lo bastante cerca de mí, alzó el rostro y pude ver que no había
cara, no había ojos ni nariz ni boca, sólo una profunda oscuridad, esta vez si
pude gritar.
“Taylor, despierta, Taylor, es una pesadilla.” Una voz
masculina me salvó de la figura siniestra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario