jueves, 5 de septiembre de 2013

Dos.

Mi mente dejó de pensar en Harry por un momento para empezar a pensar en el chico de ojos azules que entró al baño, su cara estaba difusa en mis recuerdos porque lo vi entre mis lágrimas pero aún así sentía que le había visto en algún lugar antes.

Ese bar estaba lleno de mugre, no entendía que hacía allí un alguien que iba vestido como un idiota de clase alta. Bueno, retiro lo de idiota, porque yo antes era así.
Antes vestía bien y siempre iba perfecta. El pelo perfecto, la ropa perfectamente planchada, la sonrisa perfecta, ahora esas cosas son un recuerdo doloroso en mi mente y la sonrisa ha desaparecido.

Harry no era tan malo, quiero decir, hemos tenido momentos bonitos, pero no sabe amar, no sabe cuidar de nadie que no sea él.

Las lágrimas volvieron a aparecer, sorprendiéndome.  Froté mis brazos con mis manos, iba a morir congelada en este banco si no se me ocurría un plan y rápido.

“Hey, tú eres la chica de antes.” Afirmó alguien detrás de mí.

Me giré para encontrarme con el idio…chico del baño. Aparté las lágrimas con mis dedos y forcé una sonrisa.

“Así es. “ Contesté mientras veía al chico acercarse a mí.

“¿Cómo es que aún estás aquí?” Preguntó apoyando sus manos en el borde del respaldo del banco.

Dude en si contestarle la verdad o inventarme alguna mentira. Me decanté por la primera opción, ya me daba igual todo.

“He roto con mi novio y no tengo dónde ir.”

“Oh, lo siento,” dijo llevándose la mano a la nuca y apartando la mirada de mí “quizás podrías venir conmigo, te vas a congelar aquí”

¿Ir con él? Es un desconocido, pero por otra parte llevaba razón, y de todos modos ya no me quedaba nada que perder.

“¿Contigo? Está bien” susurré y me levanté del banco.

“Sígueme, mi coche está por allí.”

¿Qué pensaría mi madre? Estoy a punto de meterme en el coche de un desconocido para ir a su casa.

Como era de esperar su coche no era nada más y nada menos que un Mercedes negro y lujoso, con asientos de cuero color crema y cristales tintados en negro.
El chico me abrió la puerta del copiloto, Harry nunca había hecho algo así por mí.
Harry…¿Qué pensaría Harry? Seguramente no le importaría. Sacudí mi cabeza, necesitaba sacarlo de mi mente.

“Y…¿cuál es tu nombre?”pregunté girando mi cabeza hacia la derecha para verle.

Ahora que le veo claramente, es bastante atractivo y su cara me sigue sonando de algo…

“Me llamo Louis Tomlinson.” Contestó con una sonrisa “¿y tú?”

“Taylor, Swift…Taylor Swift. Mis amigos me llaman Tay, tú puedes seguir llamándome Taylor, por ahora” Respondí soltando una ligera carcajada.

“Vaya, eres atrevida Taylor” Louis hizo énfasis en mi nombre, río y desvió la mirada desde mí hasta la carretera
.
El resto del trayecto transcurrió en silencio.
Yo miraba por la ventana  del coche que estaba un poco empañada por la calefacción y nuestros alientos. Ya no nevaba y nos habíamos metido en una carretera que estaba rodeada por un bosque con árboles cubiertos por una capa blanca de nieve.
El silencio no era incómodo en absoluto, pero ojalá hubiera el mismo silencio en mi mente.
A veces mi subconsciente me decía que el hecho de que me este conduciendo dentro de un bosque es que quiere tenerme apartada para matarme, pero yo le hacía callarse. También me recordaba que Harry estaría preocupado, mentira, Harry sólo se preocupa por sí mismo, en ese mismo momento ya tendría otra chica en mi casa, con mis cosas y tocándole…O quizás no, me recordó mi subconsciente, vale, quizás no tenía ninguna chica en casa, pero de lo que estoy completamente segura es de que no habrá pensado en mi en todo el tiempo que ha pasado desde que le dije que habíamos…acabado.
Sabes que volverás a él, mencionó mi subconsciente, pero no esta vez. Me juré a mí misma que no volvería a caer en su hechizo, que no volvería a dejar que esos ojos verdes me derritieran, ni que sus labios me convencieran dejando palabras en mi piel. Nunca más.
Louis llamó mi atención varias veces antes de darme cuenta de que el coche estaba parado, habíamos llegado.

Estábamos dentro de lo que parecía ser un garaje. Era enorme y había una estantería de metal llena de herramientas, y justo al lado del coche había aparcado una moto de aspecto caro.

“¿También conduces una moto?”Pregunté alzando una ceja.

“De vez en cuando, pero no cuando recojo a chicas solitarias que casi mueren congeladas.” Guiñó un ojo y bajé mi cabeza sonrojada.

Subimos tres escalones que llevaban a la cocina, una enorme cocina rústica con suelo de madera brillante y paredes blancas. Me llamó la atención que el horno estuviera encajado en el medio de una columna de ladrillos. La cocina que tenía en casa de Harry no tenía nada que ver con esta, la nues…la de Harry era pequeña y desastrosa, ésta estaba limpia y ordenada. Me acerqué a un gran ventanal que daba a una especie de jardín, no podía ver muy bien lo que había en él porque todo estaba cubierto de nieve.

“Deberías subir a ducharte, tus huesos agradecerán un poco de agua caliente. El baño está arriba a la derecha.”Me aconsejó.”No tengo ropa de chica, pero puedes coger una de mis sudaderas, mi habitación está justo en frente del baño.”

Me limité a asentir.

Salí de la cocina y me encontré con lo que parecía la entrada de la casa, era enorme y estaba decorada exquisitamente, las escaleras eran de mármol y todo estaba tan limpio.
Encontré el baño, pero decidí  coger la ropa antes de entrar.

La habitación de Louis era muy acogedora, la cama era doble y había una alfombra amplia en el suelo, aparte tenía un balcón que daba al mismo jardín que vi desde el ventanal de la cocina.
El armario era pequeño, encontré una sudadera gris que era por lo menos tres tallas más grande que la mía y unos pantalones deportivos que sabía que me iba a tener que atar muy bien.

Entré al baño y más de lo mismo, todo en esta casa era enorme, limpio y ordenado, me recordaba a la casa de mis padres. Empecé a llenar la bañera con agua caliente y me desvestí.

Al sumergirme mi piel se erizó, Louis tenía razón, mis huesos agradecieron el agua caliente. Sumergí mi cabeza y la cara de Harry apareció haciéndome sacar la cabeza del agua de repente. No importaba cuántos esfuerzos pusiera en ello, no podía dejar de pensar en Harry. Pasé el jabón por mi piel intentando que el olor a humo del bar se desprendiera de mí y enjaboné mi pelo.

Me costó un tiempo asimilar que tendría que salir del agua caliente un día de estos.

No sé cuánto tiempo estuve en el agua, pero mis manos estaban arrugadas así que era hora de salir.

Puse una toalla blanca alrededor de mi cuerpo y me acerqué al espejo, estaba cubierto de vapor. Lo retiré con una parte de mi toalla y me vi. Ya no había señalado con rímel el camino que hicieron mis lágrimas por mis mejillas, pero en mis ojos se reflejaba que seguía tan rota como hacía unas horas. Aparté mi mirada del espejo rápidamente, no quería verme así.
Me terminé de secar y me puse la ropa de Louis, olía bien, ni a tabaco ni a alcohol, sino a limpio y quizás un poco a perfume de hombre.

Había un cesto justo al lado de la puerta, dejé allí mi ropa.

Bajé las escaleras para ver si Louis seguía en la cocina, pero no estaba allí. Atravesé la entrada y entré a la sala que estaba justo enfrente de la cocina, parecía el comedor porque había una mesa larguísima justo en medio de la sala y la rodeaban un montón de sillas, en el centro de la mesa había un conjunto de flores y velas que le daba un toque elegante a la habitación junto con esas maravillosas cortinas. Había una puerta en la parte izquierda de la sala, la crucé y me encontré con un salón acogedor y caliente, seguramente sería la calefacción. Había una estantería con muchísimos libros, varios sillones, un ajedrez, una televisión y una estantería llena de DVDs.

Me acerqué a la pequeña biblioteca repleta de libros y rocé los libros con las yemas de mis dedos hasta pararme en uno, la versión original de Alicia en el País de las Maravillas, lo saqué con cuidado y vi que estaba un poco roto y descuidado, pero era un libro muy antiguo.
Alicia en el País de las Maravillas siempre ha sido mi libro favorito. Me senté en uno de los sillones y comencé a leer, sumergiéndome en las aventuras de Alicia.
Ojalá yo pudiera escapar a un mundo donde nada tenga sentido, donde no tuviera que sentirme rota…


“¿Quién te ha dado permiso para entrar aquí?” Una voz interrumpió mis pensamientos.

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