sábado, 7 de septiembre de 2013

Cinco.


Los ojos tristes y enfurecidos de Harry me perseguían en mis sueños, haciendo que las dos horas que dormí aquella noche se convirtieran en una agonía. Quizás debería hablar con él, no para volver juntos, pero para aclarar las cosas. Nunca había pasado por una ruptura tan dolorosa, y estaba claro que ésta iba a ser una de las etapas más duras de mi vida.
A las cuatro de la mañana empezó a llover y pocos minutos después los rayos y los truenos se hacían notar. Aquel estruendoso ruido me asustaba y me ponía nerviosa. Recordé cómo, cuando era pequeña, solía huir a la cama de mis padres porque me aterrorizaban las tormentas, ahora no tenía dónde esconderme. Sé que el temor a las tormentas es un miedo totalmente irracional, pero no podía evitarlo.

Los truenos cada vez sonaban más cercanos, y los rayos iluminaban toda mi habitación, además el sonido del viento golpeando la casa con fuerza no lo hacía mucho más llevadero.
Cuando un rayo cayó cerca de la casa, no lo pensé dos veces, agarré uno de los cojines y salí corriendo de mi habitación sosteniendo el cojín rojo oscuro contra mi pecho fuertemente, no sé por qué, pero algo me llevó hasta la habitación de Louis, toqué la puerta suave, pero frenéticamente con una mano, mientras que con la otra seguía sosteniendo aquel cojín.
Louis abrió la puerta lentamente y bostezó.

“Taylor, ¿hay algún problema?”Dijo frotándose un ojo con la mano.

“Tengo miedo y no puedo dormir.” Contesté mirando mis pies, estaba avergonzada.

Decidí que ir a la habitación de Louis fue un error, así que me di la vuelta dispuesta a volver a mi habitación y enfrentarme a mi miedo, pero antes de que pudiera dar un paso una mano agarró mi brazo derecho suavemente.

“Puedes quedarte conmigo.” Sugirió Louis, me di la vuelta para verle la cara. “Quiero decir, eh, si tú quieres claro…” Miró al suelo llevándose la mano a la nuca y frotándola.

Asentí y entré a su habitación detrás de él. Un trueno rompió el silencio de la noche y yo me llevé el cojín a mi cara en un patético acto reflejo, escuché a Louis reír y le di un suave golpe con el cojín, lo que le hizo reír más. Me fijé en que tenía el pelo despeinado, sorprendentemente le quedaba francamente genial, su pijama era unos pantalones deportivos y una camiseta de manga larga de rayas que se ajustaba a su figura perfectamente…Un momento…¿Qué hacía yo fijándome en cómo de ajustada le quedaba una camiseta a Louis? Sacudí la cabeza y aparté la mirada de él.

“Yo dormiré en ese sofá que hay justo ahí y la cama será toda para ti.” Dijo señalando el sofá.

“No, yo me quedaré en el sofá.” Dije tumbándome el sofá.

“Pero…”

“Louis, no.” Le interrumpí y se encogió de hombros sonriendo.

“Buenas noches, Taylor.” Dijo mientras se metía en su cama.

“Buenas noches, Louis”. Susurré.

No iba a negar el hecho de que al llegar a la puerta de la habitación de Louis me dio miedo de que me dijera que debía volver a mi habitación, no soportaba pasar las noches de tormenta sola. Justo cuando por fin estaba empezando a quedarme dormida un rayo iluminó la habitación y pocos segundos después un trueno que sonó como un rugido hizo que me sobresaltara y corriera a la cama de Louis.
Louis se dio la vuelta para mirarme y se apoyó sobre su codo.

“Si que tienes miedo a las tormentas, eh” Dijo intentando fastidiarme.

“Para, no es gracioso, tengo mucho miedo.”

“Está bien yo iré al sofá y tú dormirás aquí.” Cedió levantándose de la cama.

Le agarré del brazo para pararle.

“No yo…Quiero quedarme contigo aquí, en la cama.” ¿Qué?

“¿Qué?” Preguntó sorprendido y sacudió ligeramente la cabeza. “Digo, está bien…”Susurró.

Yo nunca había dormido en una cama con otro chico, bueno aparte de Harry. No sabía qué hacer así que me metí bajo las gruesas sábanas y le di la espalda a Louis. Las sábanas olían bien como a una suave esencia floral, noté que el mismo olor de perfume que estaba en la sudadera de Louis que llevé el otro día estaba  también en las sábanas. Al poco tiempo la tormenta paró y me sumergí en un profundo sueño.

Por primera vez en cuarenta y ocho horas pude dormir de un tirón y perfectamente bien. Me desperté confusa, miré a mi alrededor y no estaba en mi habitación, volví a apoyar mi cabeza contra mi almo…aquello no era mi almohada, abrí los ojos de golpe, intenté levantarme pero no podía, había algo bloqueando mi cintura, un brazo. Estaba sobre el pecho de Louis y él tenía su brazo sobre mí, genial, puse mis ojos en blanco a sabiendas de que si no intentaba quitarme de encima de él, cuando se despertara se crearía un momento incómodo que no era precisamente necesario. Para mi sorpresa, parte de mí no quería no quería apartarse, algo que no era bueno.

Aparté el brazo de Louis cuidadosamente, vigilando que no se despertase y me alejé de él rápidamente. No tendría que estar preocupándome por algo que había sido un mero movimiento involuntario, yo no quería estar encima de él, sí querías, resaltó la vocecita molesta de dentro de mi cabeza. No, no quería, en absoluto.
Anduve cabizbaja hasta mi habitación y miré el reloj blanco que había colgado en la pared, las once de la mañana, era bastante tarde, pero teniendo en cuenta que me habría quedado dormida sobre las tres o las cuatro de la madrugada, no era tan tarde. Abrí el armario y saqué un maxi jersey gris, unos pantalones pitillo vaqueros y unos zapatos estilo Óxford marrón oscuro.

Entre al baño y giré el pestillo. Me miré al espejo, puede que las ojeras hubieran desaparecido pero mi mirada estaba cansada.

Abrí el grifo de la ducha y dejé que el agua caliente despegara el dolor de mí, pero no lo consiguió. Estaba más confusa que nunca, había algo en Louis que me hacía sentir…Segura, pero eso era todo ¿verdad? No había nada más detrás del hecho de que yo buscaba seguridad y Louis me la diera, era sólo eso, nada más, también me sentía segura bajo el agua caliente de la ducha y por eso no me iba a enamorar de ella…Vale, estaba claro que estaba perdiendo la cabeza…

Sequé mi pelo con el secador y me lo dejé despeinado, no tenía ganas de arreglarme, no iba a salir de todos modos, me vestí y me dirigí hacia la cocina para preparar algo de desayunar.
La cocina estaba patas arriba, supongo que Louis o Ed habían estado allí ya. Me preparé unas tortitas y un poco de té y me senté en la pequeña mesita que había justo enfrente del gran ventanal.

Una suave niebla se cernía sobre el jardín, me distraje mirando a unos pájaros juguetear en un charco que había en un camino de piedras.
Quería ir a hablar con Harry, pero ¿estaba preparada para enfrentarme a él? Cuando le vi ayer parecía tan enfurecido y triste…Suspiré, una voz interrumpió mis pensamientos.

“¿Por qué te fuiste corriendo esta mañana?” Levanté mi cabeza y Louis estaba justo enfrente de mí cruzado de brazos.

“¿Por qué estuviste todo el día evitándome?” Pregunté, él también me debía explicaciones.

Apartó la silla que estaba frente a mí y se sentó estirando los brazos sobre la mesa.

“No te evitaba, estaba…Enfadado.” Respondió mirando mi plato.

“¿Enfadado? No hice nada malo.”

“No, no tú, tu novio…” Comenzó.

“Ex.” Le corregí. “¿De qué le conoces?”

Louis’ P.O.V:

Levanté la mirada, estaba claro que esta pregunta iba a llegar tarde o temprano, aclaré mi garganta antes de responder.

“Harry…” Me costaba pronunciar su nombre, el simple hecho de pensar en él me repugnaba. “Es una persona muy popular, ya lo sabes, todo el mundo por la zona habla de él y de cuáles son sus raíces.”

El chico malo procedía de una familia rica y siempre tuvo lo que quiso, por esa razón consiguió a Taylor y la había echado a perder, pero eso no me importaba demasiado.

Ella se limitó a asentir, dejándome continuar.

“Estaba enfadado porque ningún chico debe gritarle así a una chica, da igual la situación.” Expliqué mientras ella tomaba un sorbo de su taza.

“Estoy pensando en hablar con él, para aclarar las cosas…” Susurró sin soltar la taza de sus manos.

“No merece la pena, él no te merece.” Si hablaba con él y lo arreglaban el plan se iría al traste. “Créeme, encontrarás a alguien que sepa tratarte como te mereces ser tratada.” Aproveché que había puesto la taza sobre la mesa para entrelazar su mano con la mía.

Me sorprendió que ella no intentara apartar la mano, y también me sorprendió que yo tampoco tenía mucha prisa porque lo hiciera.

Mis intenciones no eran realmente buenas, pero todo lo que le dije hace unos segundos eran verdades.  Harry era un necio, estúpido que sólo sabía pensar en sí mismo, pero ¿qué se podía esperar cuando proviene de una familia de estafadores y mentirosos? Por un segundo miré a los ojos de Taylor y casi le cuento todo el plan, sus ojos siempre me pillaban con la guardia baja. Si ella supiera en todo lo que está metida realmente no se acercaría a mí, pero era mi turno de ser un cerdo egoísta, sin importar a quién hiriera.

Mi estómago rugió y Taylor soltó una risita, me ofreció comerme la última tortita y no pude negarme. Me preparó una taza de té que estaba deliciosa y charlamos un buen rato.

Cada día descubría nuevas cosas de ella, cosas que la hacían ser débil ante a mí, pues no tenía nadie más a quién contarle sus secretos, y que fuera débil ante mí me venía bastante bien, ella solita hacía que el plan fuera más fácil. Pero yo no podía evitar distraerme cuando ella hablaba, o me miraba o se reía…Era extraño.
Ed entró corriendo a la cocina, con la respiración cortada y la cara aún más pálida de lo normal.


“Tenemos visita…” Dijo entre respiraciones agitadas. 

Cuatro.

Harry POV:

Ojala pudiera volver atrás en el tiempo, ojalá pudiera borrar mis errores, de esa manera la tendría aquí conmigo entre mis brazos, sana y salva. Pero eso no puede ser.
Aquí estoy, tumbado en una cama fría y vacía esperando a que ella aparezca por la puerta, no importa que me grite, arroje cosas hacia mí o incluso me propine un buen guantazo, la verdad es que me merezco todas esas cosas, pero yo sólo quiero tenerla aquí.
No puedo evitar ser como soy: un autentico estúpido, ella me ha dado tantas oportunidades…
Estoy dispuesto a cambiar por ella, estoy dispuesto a enmendar mis errores y quererla como ella quiere que la quieran.

Eran las once de la noche y mis esperanzas de que volviera se disiparon cuando recibí un mensaje de un número desconocido:

*Estoy en casa de una amiga, no te preocupes por mí.”

¿En casa de una amiga? Taylor no tiene amigas, tenía pero por alguna razón se distanció de ellas. Si ella dice que está en casa de una amiga la creeré…Quizás esté en casa de un chico y me está mintiendo…No, debo empezar a confiar más en ella, si dice que está en casa de una amiga es porque está allí, nunca me ha dado razones para desconfiar, pero su entorno si me las ha dado, su familia, sus amigos…
Pasé la noche en vela, no podía dejar de pensar en ella, su sonrisa, su pelo rubio, sus ojos azules…Nunca había estado así antes.

Cuando me fui a dar cuenta ya eran las siete de la mañana, débiles rayos de sol se colaban entre las finas cortinas de la ventana de la fría habitación. Me puse de pié, estaba cansado y sentida como si tuviera un peso extra sobre mis hombros, seguramente sería el sentimiento de culpa. No recordaba la mitad de cosas que pasaron la noche anterior, recordaba la pelea con Taylor, y al recordarla un escalofrío recorrió mi columna, recuerdo ver la mueca decepcionada, triste y rota que tenía en su rostro cuando entró a aquella maldita habitación. Me estaba torturando a mí mismo.

Me dirigí hacia la cocina, y por un segundo la vi apoyada contra la encimera y bebiendo su café de cada mañana, su pelo estaba despeinado y su sonrisa era cálida mientras me decía buenos días, pero todo era una alucinación por falta de sueño. No había comida en la nevera, así que aparté una de las baldosas rotas del suelo y saqué un bote de cristal del suelo, nuestros ahorros estaban en ese bote, saqué varios billetes y los metí sin cuidado en el bolsillo trasero de mi pantalón. No iba a conducir mi destartalado coche aquella mañana, estaba nevando y no había dormido en toda la noche, no sería buena idea conducir. Era muy temprano pero nuestra casa estaba lejos de la ciudad, así que llegaría justo cuando las tiendas abren.

Mi mente viajaba entre los recuerdos que tenía con Taylor, como la primera vez que la vi, estaba preciosa en ese uniforme de colegio privado, su pelo estaba recogido en una coleta larga y rizada, reía con sus amigas mientras sostenía una carpeta. Eso fue hace un año. Una lágrima inconsciente bajó por mi mejilla. Maldita sea, ¿qué me había hecho esta chica? Nunca en mi vida he llorado por nada, y menos por una chica, pero claro, ella no era una chica, ella era mi chica.

Las calles estaban completamente vacías, a medida que me acercaba al centro los recuerdos eran más y más vivos y más y más dolorosos, en un año recorrimos juntos todas esas calles ya fuera besándonos o peleándonos, todo me recordaba a ella de alguna manera. Me paré justo enfrente de una casa, miré por la ventana y pude ver el salón decorado con adornos navideños, lo que me hizo recordar que el cumpleaños de Taylor estaba cerca, yo nunca tuve ningún detalle con ella…Ahora veía todos los errores que había cometido en ese año, ni siquiera supe quererla bien, quizás…sería mejor que estuviéramos separados…Un dolor agudo atravesó mi pecho al pensar en estar separado de ella, ya sé que nunca la he tratado bien, pero no puedo negar de ninguna manera que estaba loco por ella, y dolía, dolía muchísimo.

¿Harry que estás haciendo llorando y sufriendo por una chica? Tú nunca has sido así, me dije a mí mismo. Merecía la pena llorar y sufrir por ella, simplemente porque es ella.
Llegué a un centro comercial, no había mucha gente pero las tiendas estaban abiertas, decidí comprar las cosas que necesitaba para casa y luego pararme a desayunar en alguna cafetería. Al salir de la tienda busqué una cafetería que no estuviera muy atestada.

Entonces la vi, estaba allí, no era una alucinación, llevaba la misma ropa que ayer y estaba con…¿un chico? Otro chico. Estaba con otro chico. Sentí como me hervía la sangre y dejé caer las bolsas al suelo, me acerqué a ellos rápidamente y vi la cara de aquel estúpido que estaba con mi novia.
No podía ser otro que Louis Tomlinson, el maldito Louis Tomlinson. ¿Qué hacía ella con él? Él no era bueno en absoluto, ¿de qué se conocían?¿Se habría olvidad ya de mí? Estaba con el maldito Louis Tomlinson, me recordé.

“¿¡Qué demonios estás haciendo con éste!?” Grité y Taylor se giró rápidamente, su cara empalideció. “¡Contesta!”

“Oye, ¿quién eres tú y qué haces gritándole así a una chica?”Preguntó Louis acercándose a mí.

“¿Qué demonios…? Como si no me conocieras Louis Tomlinson. Aléjate de ella, es mía.” Continué gritando y me puse a unos centímetros de él.

Taylor movía su vista de mí a el estúpido de Louis Tomlinson, confundida.

TAYLOR POV:

¿Qué estaba haciendo Harry aquí?¿Por qué conocía a Louis? Mi mente estaba cansada pero vi como Harry se acercaba muchísimo a Louis así que me metí en medio de ellos.

“Harry, ¿qué estás haciendo?” Le pregunté empujándole con mis manos en su pecho para alejarle de Louis.

“¿Qué estoy haciendo? Se suponía que estabas en casa de una amiga, ¿me has mentido?” ¿Qué?

“Yo nunca he estado en casa de ninguna amiga, ¿qué estás diciendo?”Pregunté aturdida.

“Me mandaste un maldito mens…”

“Suficiente, vámonos Taylor.” Le interrumpió Louis agarrando nuestras bolsas y poniendo su mano en mi espalda para guiarme.

Volteé la cabeza hacia Harry y vi cómo pateaba una de las bolsas que había en el suelo.
No entendía nada, ¿qué acababa de pasar?

Cuando llegamos al coche de Louis intenté preguntarle qué acababa de pasar, pero preferí callarme, parecía irritado y no quería empeorar las cosas.

“Gracias por despertarme anoche…”Dije en un susurro, él se limito a asentir sin desviar la mirada de la carretera. “Y por comprarme ropa.” Continué, pero no contestó.

Un incómodo y extraño silencio invadió el coche durante todo el trayecto del centro comercial a casa de Louis.
La noche anterior me dormí en la alfombra de la sala en la que estuvimos hablando Louis y yo. Después de aquella pesadilla no pude volver a dormir en toda la noche, pero Louis se quedó a mi lado.
Al salir del coche Louis me guió hasta la que sería mi habitación, era preciosa y amplia decorada con tonos pastel; unas finas cortinas ondeaban en la ventana. Dejé las bolsas con ropa en el suelo y le pregunté a Louis si quería hacer algo en todo el día, pero no me contestó, salió de la habitación dejándome un poco confundida, ¿me estaba evitando? Yo no había hecho nada malo, o eso creía.

Suspiré y empecé a sacar ropa de las bolsas. Había comprado un abrigo, varios jerséis y pantalones y algunos zapatos, poca porque no pensaba quedarme allí mucho tiempo, aunque Louis intentó que comprara más cosas pero viendo su comportamiento conmigo en las últimas horas me di cuenta de que hice bien no comprando demasiada ropa. Estaba agradecida porque me dejara estar en su casa sin pedir nada a cambio, pero me estaba dando cuenta de que me estaba convirtiendo en un estorbo…

Cuando terminé de colocar la ropa en el armario me senté al borde de la cama y me llevé las manos hasta mi cara, frotándola. Los ojos cansados de Harry aparecieron en mi mente, acompañados de su voz rota y enfadada. Seguía sin comprender qué había pasado esta mañana, ¿por qué pensaba que estaba alojada en casa de una amiga?¿De qué conocía a Louis? Todo era tan confuso, la cabeza me daba vueltas y vueltas así que me tumbé en la cama y cerré los ojos, cayendo en un profundo sueño.

Me desperté desorientada, parpadeé varias veces y sacudí mi cabeza, un sonido suave y tranquilo llegó a mis oídos: música. Una guitarra y una voz preciosa. Me levanté de la cama y seguí el suave sonido por el pasillo, cerré los ojos y me guié por el sonido, rozando las paredes con mis dedos.
Me paré justo enfrente de una puerta de madera, era la habitación de Ed, estaba encajada así que entré con cuidado, vi a Ed sentado en su cama tocando la guitarra y cantando, no se dio cuenta de mi presencia así que entré y me apoyé contra el marco de la puerta, cerré los ojos y disfruté del sonido y las letras, al menos hasta que él se diese cuenta de que estaba en su habitación y me gritara o algo así.

El sonido paró en seco.

“¿Qué demonios estás haciendo apoyada contra mi puerta como una acosadora?”Preguntó Ed, lo que me hizo abrir los ojos de repente.

“Es que te oí y…Yo también canto y…”tartamudeé.

“¿Tú cantas?”Preguntó alzando una ceja, yo asentí. “Ven aquí, vamos a ver qué puedes hacer.”Dijo dando varios golpecitos sobre el colchón.

Di varios pasos hacia delante, no me fiaba mucho.

“Vamos, no te voy a matar a guitarrazos ni nada de eso.”Dijo esbozando una pequeña sonrisa. “No tengo todo el día.”Su sonrisa desapareció.

Al menos ya me había quedado claro que Ed sabía cómo sonreír, aunque todas las veces que le había visto su rostro me recordaba al de una ardilla enfadada.
Le expliqué que llevaba toda mi vida cantando y tocando la guitarra y el piano así que me dejó su guitarra, hacia tanto tiempo que no veía una. Toqué varias notas para afinar y empecé a cantar. Mi mente se puso en blanco completamente, sólo podía cantar y tocar la guitarra, nada de pensar en Harry o en por qué Louis me estaba evitando, me sentí…Liberada por un momento.

LOUIS POV:

“Estás haciendo un gran trabajo Louis.” Me dijo la voz por el teléfono. “Sabía que el dinero te convencería.”

“No lo hago por el dinero, señor. Lo hago por mis padres.”Le corregí.

“No me importan tus razones, lo único que me importa es que hagas bien tu trabajo. Sigue con la chica, te enviaré la segunda parte del plan por fax.”Hizo una pausa.”Ah, y dile a tu amigo Ed que se comporte bien con ella, no queremos que salga huyendo y se estropeé el plan, ¿verdad?”

“No, señor…”Suspiré y oí cómo colgaba el teléfono.


No iba a dejar que nadie ni nada estropeara lo que me ha costado tanto tiempo conseguir.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Tres.

Levanté la vista del libro en un sobresalto. Me encontré con un chico pelirrojo, su pelo estaba despeinado y tenía barba.

“Responde.” Dijo cruzándose de brazos, estaba enfadado.

“Pues, Louis…”

“¿Louis? Ah, claro, eres otro de sus ligues.” Me interrumpió.

¿Otro de sus ligues? Louis no parecía de esos, pero claro, no puedes juzgar a un libro por su portada.

“No yo no…”

“Ella no es otro de mis ligues, Ed.” Me volvieron a interrumpir, esta vez era otra persona; Louis entró a la sala mirando fijamente al tal Ed. “La encontré en un banco, no tiene dónde ir y estaba congelándose allí.”

“Oh, ¿ahora vas de buen samaritano?” Dijo Ed, el sarcasmo se reflejaba claramente en su voz.

“Tenemos que hablar, en seguida volvemos Taylor. Estás en tu casa.” Louis agarró a Ed por el brazo y prácticamente lo arrastró fuera del salón.

Me dejé caer en el sillón, estaba exhausta y hambrienta. Después de unos segundos solté un suspiro y me levanté, comería algo y me iría de casa de Louis, estaba claro que a su compañero le molestaba mi presencia y aquella no era mi casa. Antes de irme, le preguntaría a Louis si podía utilizar su móvil para hacer una llamada, la batería del mío había muerto.
Estaba agradecida de que me dejara quedarme en su casa, pero no quería molestar a nadie y tampoco me iba a quedar allí para siempre, tendría que hablar con Harry y buscarme otro sitio donde vivir…

La guerra de sentimientos volvió a empezar en mi cabeza.

¿Por qué Harry no podía quererme como yo le quería a él?¿Por qué no podía dejar sus paredes caer y dejarme entrar? Yo le dejé destruir mis paredes, ¿por qué no podía dejarme que yo hiciera lo mismo con él?
Siempre he sido tan ingenua…

Decidí intentar pensar en otra cosa o acabaría llorando en el suelo de la cocina de Louis.
Antes pensé en pedirle a Louis que me dejara hacer una llamada, pero ¿a quién llamaría? Los números de varios amigos seguían guardados en mi memoria, entonces su nombre apareció rodeado de luces parpadeantes en mi cabeza: Nina.
Nina siempre me apoyó en todo, nunca me dejó de lado, pero yo a ella sí. Nos distanciamos una vez que Harry y yo nos fuimos a vivir solos, supongo que ese era el plan de Harry desde el principio: vivir juntos para que él pudiera jugar con mis sentimientos como quisiera.
¿Por qué cada vez que mi mente pensaba en algo redirigía mis pensamientos hasta Harry? Estaba mentalmente exhausta.

Abrí  la nevera buscando algo que me diese fuerzas para continuar. La nevera estaba repleta de alimentos, hacía tiempo que no veía una nevera así de llena. Encontré un trozo de tarta de chocolate, ¿qué mejor que comer chocolate cuando estás deprimido?
Saqué el trozo de tarta y me senté en la encimera, hacía bastante tiempo que no comía una tarta de chocolate tan deliciosa. Antes solía cocinar muchos postres con mi madre, pero cuando me mudé el dinero no nos llegaba para poder hacer tartas, a veces casi no nos llegaba para comer comida decente y Harry y yo nos solíamos alimentar con comida rápida casi todos los días.

Oí los pasos de alguien acercarse a la cocina y escondí el plato detrás de mí, a lo mejor ese trozo de pastel era de alguien y yo me lo estaba comiendo cuando no debería.

“Aquí estás, no te encontraba.” Suspiró Louis apoyándose contra el marco de la puerta.
Asentí bajando la mirada hacia mis pies.

“Ed se va a enfadar muchísimo contigo.” Comentó y levanté la cabeza preocupada. “Te has comido su trozo de tarta.” Continuó esbozando una sonrisa torcida.

Sabía que no debería haberme comido ese trozo de tarta…

“Yo no me he comido ningún trozo de tarta…” Mentí  entrecerrando mis ojos.

“¿Estás segura?” Preguntó él llevándose el pulgar hacia una de sus comisuras y frotándosela.

Genial, me habían pillado porque tenía la boca manchada de chocolate. Puse los ojos en blanco y me pasé la mano por la boca intentando limpiarla.

“No te preocupes, no se lo diré a nadie.” Dijo acercándose a mí.

“Creo que debería irme, he pensado en llamar a una vieja amiga y pedirle que me deje quedarme en su casa hasta que encuentre algún lugar donde vivir.” Comenté llevándome el final de la manga de la sudadera hasta mi boca.

“¿No estás a gusto aquí?”Preguntó Louis haciendo una mueca triste.

“Sí, sí lo estoy pero no quiero molestar, tu amigo…”

“No digas tonterías, tú no me molestas en absoluto.”Me interrumpió.”Ed se acostumbrará a ti, sino tendrá que atenerse a las consecuencias.”

¿Consecuencias?¿Qué quería decir con eso?

“Te vas a quedar aquí todo el tiempo que necesites. Mañana iremos a conseguirte algo de ropa y un cepillo de dientes.” Dijo sonriendo.

“Pero yo…”

“Sh, te vas a quedar y ya está” Me volvió a interrumpir acercándose aún más a mí.

No volví a decir una palabra más, sabía que iba a perder la discusión y ésta casa no estaba mal.

Se dejó caer un poco hacia delante y yo me aparte, ¿qué intentaba?...Entonces noté que desvió su cuerpo hacia la derecha y sacó el plato con el trozo de tarta de detrás de mí y me lo volvió a poner sobre las piernas.  Me di cuenta de que estaba mordiendo el final de la manda de su y la aparté de mi boca rápidamente sonrojándome, era una costumbre pero esta sudadera era suya, él soltó una risa suave y yo sonreí llevándome el tenedor a la boca.

La tarde pasó rápidamente, Louis se sentó a mi lado en la encimera y esperó a que me terminara el trozo de tarta.

Luego me enseñó todas las habitaciones de la casa. Había cuatro habitaciones incluyendo la de Louis y la de Ed, dos baños y un desván. Decidí que el desván era mi lugar favorito, era entero de madera y el techo estaba inclinado, había un viejo tocadiscos y un baúl repleto de vinilos antiguos, llenos de polvo, me dio bastante pena verlos deteriorados.
Eran las nueve de la noche cuando nos sentamos en otro salón aparte en el que sólo había libros, había visto la estantería del salón, pero esto era muchísimo mejor. Louis encendió la chimenea y nos sentamos en el suelo.

“¿Cuántos años tienes Taylor?” Me preguntó cuando se estaba sentando.

“Tengo dieciocho.”

“Vaya eres muy joven para vivir con tu novio a solas, ¿no?”Preguntó alzando una ceja.

Yo bajé la cabeza, había pasado las últimas horas sin que Harry se asomara por las esquinas de mis pensamientos…Hasta ahora.

“Lo siento, no ha estado bien preguntarte esto.” Se disculpó desviando la vista hacia el fuego.

“No pasa nada es que…Está muy reciente.” Contesté intentando que las lágrimas no volvieran a aparecer.”¿Cuántos años tienes tú?”Le pregunté, necesitaba cambiar de tema.

“Veintiuno.”

“¿Veintiuno?¿No eres muy joven para vivir solo?”Pregunté en tono sarcástico.
“La herede cuando mis padres murieron en un accidente hace unos años…”Contestó cabizbajo.

“Oh, yo…Lo siento, de verdad, no debería haber preguntado.” Me disculpé apoyando una de mis manos en su hombro.

“No pasa nada, estoy bien, mi primo Ed se vino conmigo a vivir así que ya no estoy sólo.” Levantó la cabeza, me miró y esbozó una sonrisa ladeada.

“¿Primo? No os parecéis en nada.” Musité sorprendida.

“La genética quiso que yo fuera el primo guapo.” Respondió soltando una carcajada.

No sé exactamente cuánto tiempo estuvimos allí sentados sobre una alfombra al lado del calor de la chimenea, pero se me pasó volando.
Le conté mi historia con Harry, cómo era mi vida antes de que él apareciera y cómo de destruida esta ahora que hemos roto. Él escuchó atentamente, Harry nunca me escuchó ni una sola vez en toda nuestra relación.
Le expliqué como a veces Harry podía ser cariñoso, pero el resto del tiempo era celoso y controlador, no confiaba en mí.

Él me contó que ha tenido varias novias pero que él buscaba algo serio, ellas sólo se interesaban por su dinero, eso me puso triste. En el poco tiempo que he pasado con él, he podido comprobar que es todo un caballero y que sin duda sabe tratar bien a una mujer.
Contamos anécdotas de nuestra infancia y nos dimos cuenta de lo mucho que teníamos en común,  a él siempre le ha entusiasmado la literatura y leía muchos libros de pequeño, al igual que yo. Nos gustaba todo lo que tuviera que ver con el otoño y el té.

Poco a poco, y sin darme cuenta, me dormí.

Veía un bosque oscuro y siniestro lleno de árboles secos y muertos. Yo corría podía oír mi respiración agitada y mis sollozos. Huía de algo, pues sentía un miedo que se extendía por cada fibra de mi cuerpo. Me detuve y miré a mi alrededor, apareció una figura masculina de entre los árboles, a medida que se acercaba a mí yo retrocedía, asustada intenté gritar pero no podía proyectar mi voz. La figura se acercaba cada vez más y más, quien quiera que fuera estaba cabizbajo y caminaba arrastrando una tristeza enorme. Cuando estuvo lo bastante cerca de mí, alzó el rostro y pude ver que no había cara, no había ojos ni nariz ni boca, sólo una profunda oscuridad, esta vez si pude gritar.


“Taylor, despierta, Taylor, es una pesadilla.” Una voz masculina me salvó de la figura siniestra. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Dos.

Mi mente dejó de pensar en Harry por un momento para empezar a pensar en el chico de ojos azules que entró al baño, su cara estaba difusa en mis recuerdos porque lo vi entre mis lágrimas pero aún así sentía que le había visto en algún lugar antes.

Ese bar estaba lleno de mugre, no entendía que hacía allí un alguien que iba vestido como un idiota de clase alta. Bueno, retiro lo de idiota, porque yo antes era así.
Antes vestía bien y siempre iba perfecta. El pelo perfecto, la ropa perfectamente planchada, la sonrisa perfecta, ahora esas cosas son un recuerdo doloroso en mi mente y la sonrisa ha desaparecido.

Harry no era tan malo, quiero decir, hemos tenido momentos bonitos, pero no sabe amar, no sabe cuidar de nadie que no sea él.

Las lágrimas volvieron a aparecer, sorprendiéndome.  Froté mis brazos con mis manos, iba a morir congelada en este banco si no se me ocurría un plan y rápido.

“Hey, tú eres la chica de antes.” Afirmó alguien detrás de mí.

Me giré para encontrarme con el idio…chico del baño. Aparté las lágrimas con mis dedos y forcé una sonrisa.

“Así es. “ Contesté mientras veía al chico acercarse a mí.

“¿Cómo es que aún estás aquí?” Preguntó apoyando sus manos en el borde del respaldo del banco.

Dude en si contestarle la verdad o inventarme alguna mentira. Me decanté por la primera opción, ya me daba igual todo.

“He roto con mi novio y no tengo dónde ir.”

“Oh, lo siento,” dijo llevándose la mano a la nuca y apartando la mirada de mí “quizás podrías venir conmigo, te vas a congelar aquí”

¿Ir con él? Es un desconocido, pero por otra parte llevaba razón, y de todos modos ya no me quedaba nada que perder.

“¿Contigo? Está bien” susurré y me levanté del banco.

“Sígueme, mi coche está por allí.”

¿Qué pensaría mi madre? Estoy a punto de meterme en el coche de un desconocido para ir a su casa.

Como era de esperar su coche no era nada más y nada menos que un Mercedes negro y lujoso, con asientos de cuero color crema y cristales tintados en negro.
El chico me abrió la puerta del copiloto, Harry nunca había hecho algo así por mí.
Harry…¿Qué pensaría Harry? Seguramente no le importaría. Sacudí mi cabeza, necesitaba sacarlo de mi mente.

“Y…¿cuál es tu nombre?”pregunté girando mi cabeza hacia la derecha para verle.

Ahora que le veo claramente, es bastante atractivo y su cara me sigue sonando de algo…

“Me llamo Louis Tomlinson.” Contestó con una sonrisa “¿y tú?”

“Taylor, Swift…Taylor Swift. Mis amigos me llaman Tay, tú puedes seguir llamándome Taylor, por ahora” Respondí soltando una ligera carcajada.

“Vaya, eres atrevida Taylor” Louis hizo énfasis en mi nombre, río y desvió la mirada desde mí hasta la carretera
.
El resto del trayecto transcurrió en silencio.
Yo miraba por la ventana  del coche que estaba un poco empañada por la calefacción y nuestros alientos. Ya no nevaba y nos habíamos metido en una carretera que estaba rodeada por un bosque con árboles cubiertos por una capa blanca de nieve.
El silencio no era incómodo en absoluto, pero ojalá hubiera el mismo silencio en mi mente.
A veces mi subconsciente me decía que el hecho de que me este conduciendo dentro de un bosque es que quiere tenerme apartada para matarme, pero yo le hacía callarse. También me recordaba que Harry estaría preocupado, mentira, Harry sólo se preocupa por sí mismo, en ese mismo momento ya tendría otra chica en mi casa, con mis cosas y tocándole…O quizás no, me recordó mi subconsciente, vale, quizás no tenía ninguna chica en casa, pero de lo que estoy completamente segura es de que no habrá pensado en mi en todo el tiempo que ha pasado desde que le dije que habíamos…acabado.
Sabes que volverás a él, mencionó mi subconsciente, pero no esta vez. Me juré a mí misma que no volvería a caer en su hechizo, que no volvería a dejar que esos ojos verdes me derritieran, ni que sus labios me convencieran dejando palabras en mi piel. Nunca más.
Louis llamó mi atención varias veces antes de darme cuenta de que el coche estaba parado, habíamos llegado.

Estábamos dentro de lo que parecía ser un garaje. Era enorme y había una estantería de metal llena de herramientas, y justo al lado del coche había aparcado una moto de aspecto caro.

“¿También conduces una moto?”Pregunté alzando una ceja.

“De vez en cuando, pero no cuando recojo a chicas solitarias que casi mueren congeladas.” Guiñó un ojo y bajé mi cabeza sonrojada.

Subimos tres escalones que llevaban a la cocina, una enorme cocina rústica con suelo de madera brillante y paredes blancas. Me llamó la atención que el horno estuviera encajado en el medio de una columna de ladrillos. La cocina que tenía en casa de Harry no tenía nada que ver con esta, la nues…la de Harry era pequeña y desastrosa, ésta estaba limpia y ordenada. Me acerqué a un gran ventanal que daba a una especie de jardín, no podía ver muy bien lo que había en él porque todo estaba cubierto de nieve.

“Deberías subir a ducharte, tus huesos agradecerán un poco de agua caliente. El baño está arriba a la derecha.”Me aconsejó.”No tengo ropa de chica, pero puedes coger una de mis sudaderas, mi habitación está justo en frente del baño.”

Me limité a asentir.

Salí de la cocina y me encontré con lo que parecía la entrada de la casa, era enorme y estaba decorada exquisitamente, las escaleras eran de mármol y todo estaba tan limpio.
Encontré el baño, pero decidí  coger la ropa antes de entrar.

La habitación de Louis era muy acogedora, la cama era doble y había una alfombra amplia en el suelo, aparte tenía un balcón que daba al mismo jardín que vi desde el ventanal de la cocina.
El armario era pequeño, encontré una sudadera gris que era por lo menos tres tallas más grande que la mía y unos pantalones deportivos que sabía que me iba a tener que atar muy bien.

Entré al baño y más de lo mismo, todo en esta casa era enorme, limpio y ordenado, me recordaba a la casa de mis padres. Empecé a llenar la bañera con agua caliente y me desvestí.

Al sumergirme mi piel se erizó, Louis tenía razón, mis huesos agradecieron el agua caliente. Sumergí mi cabeza y la cara de Harry apareció haciéndome sacar la cabeza del agua de repente. No importaba cuántos esfuerzos pusiera en ello, no podía dejar de pensar en Harry. Pasé el jabón por mi piel intentando que el olor a humo del bar se desprendiera de mí y enjaboné mi pelo.

Me costó un tiempo asimilar que tendría que salir del agua caliente un día de estos.

No sé cuánto tiempo estuve en el agua, pero mis manos estaban arrugadas así que era hora de salir.

Puse una toalla blanca alrededor de mi cuerpo y me acerqué al espejo, estaba cubierto de vapor. Lo retiré con una parte de mi toalla y me vi. Ya no había señalado con rímel el camino que hicieron mis lágrimas por mis mejillas, pero en mis ojos se reflejaba que seguía tan rota como hacía unas horas. Aparté mi mirada del espejo rápidamente, no quería verme así.
Me terminé de secar y me puse la ropa de Louis, olía bien, ni a tabaco ni a alcohol, sino a limpio y quizás un poco a perfume de hombre.

Había un cesto justo al lado de la puerta, dejé allí mi ropa.

Bajé las escaleras para ver si Louis seguía en la cocina, pero no estaba allí. Atravesé la entrada y entré a la sala que estaba justo enfrente de la cocina, parecía el comedor porque había una mesa larguísima justo en medio de la sala y la rodeaban un montón de sillas, en el centro de la mesa había un conjunto de flores y velas que le daba un toque elegante a la habitación junto con esas maravillosas cortinas. Había una puerta en la parte izquierda de la sala, la crucé y me encontré con un salón acogedor y caliente, seguramente sería la calefacción. Había una estantería con muchísimos libros, varios sillones, un ajedrez, una televisión y una estantería llena de DVDs.

Me acerqué a la pequeña biblioteca repleta de libros y rocé los libros con las yemas de mis dedos hasta pararme en uno, la versión original de Alicia en el País de las Maravillas, lo saqué con cuidado y vi que estaba un poco roto y descuidado, pero era un libro muy antiguo.
Alicia en el País de las Maravillas siempre ha sido mi libro favorito. Me senté en uno de los sillones y comencé a leer, sumergiéndome en las aventuras de Alicia.
Ojalá yo pudiera escapar a un mundo donde nada tenga sentido, donde no tuviera que sentirme rota…


“¿Quién te ha dado permiso para entrar aquí?” Una voz interrumpió mis pensamientos.

Uno.

Lo único que iluminaba aquél baño mugriento era una bombilla que parpadeaba luz. El cristal del espejo tenía grietas y estaba ligeramente empañado por la suciedad por lo que no podía verme claramente, pero si podía ver mi alma rota.
¿Cómo pude dejar que todo llegara tan lejos? Estaba cegada por esos ojos verdes que reflejaban la frialdad que vivía dentro de él.

Cambié mi apariencia por él.
Maldita sea, incluso cambié mi forma de ser por él.
Peleé con mis padres, con mi hermano, con mis amigos, todo por él.

¿Y qué recibí a cambio? Nada, absolutamente nada, aparte de dolor y angustia.
Golpeé el borde del lavabo con la palma de mi mano en frustración y dolor. Las lágrimas se resbalaban rápidamente por  mis mejillas y no podía controlar mis sollozos y respiraciones cortadas.
Mientras más tiempo pasaba más frustrada y enfadada conmigo misma me sentía.
Dejé caer mi cuerpo contra el sucio suelo, cerré los ojos y los recuerdos empezaron a proyectarse contra el interior de mis párpados como si fueran  pantallas de cine.

Harry no respondía mis llamadas y tampoco mis mensajes. No le había visto desde anoche y, aunque no debería porque no es la primera vez que hace esto, estoy preocupada, anoche tuvimos una pelea horrible y él decidió salir por la puerta dejándome sola con el sonido de un portazo.
Yo seguía llamando.
Él seguía sin contestar.
No podía quedarme en casa de brazos cruzados esperando a que él apareciera por la puerta borracho. No esta vez. Si iba a seguir comportándose así entonces era hora de terminar con mi agonía y alejarme de él.
Anudé mi bufanda alrededor de mi cuello, fuera estaba nevando. Si tenía suerte el coche arrancaría y no tendría que andar para llegar a los sitios a los que él suele ir, pero no la tuve.
Las calles de Londres estaban completamente vacías, yo era la única tonta que estaba en la calle con este frío en busca de alguien que ni siquiera estaría pensando en mí.
Seguramente estará borracho en un bar o despotricando sobre lo horrible que soy en casa de algún amigo, cuando digo amigo me refiero a una botella de Jack Daniels y cuando digo casa me refiero a alguna acera.
Harry es tan confuso…Un día no puede dejar de besarme y decirme cuánto me quiere y al siguiente se enfada sin razón aparente y corre al bar.
Necesitaba acabar con esto.
Entré a uno de los bares que suele visitar Harry pero no le localicé, aún así decidí preguntar a el chico que estaba detrás de la barra.

“Hola, perdón, ¿has visto a un chico alto, delgado y pelo rizado?” pregunté apoyándome contra la barra.

“Sí, estuvo aquí anoche. Se fue con unas chicas a una fiesta que se celebraba unas calles más abajo, te escribiré la dirección en un papel.” Contestó con una sonrisa amable, seguro que se dio cuenta de que mi rostro cambió radicalmente de expresión cuando mencionó a las chicas.

Me dio el papel, asentí en agradecimiento y me fui.
¿Otras chicas? Un dolor agudo atravesó mi pecho al pensar en Harry con otras chicas. No se iba a salir con la suya, sabía que iba a volver a casa y esperar a que yo le dejase comportarse como él quisiera, no esta vez.

Anduve rápidamente por las calles buscando el lugar que me dijo el camarero.
Encontré el edificio de pisos. La enorme puerta de hierro estaba abierta así que la empujé, pesaba bastante. Subí las estrechas escaleras hasta llegar al tercer piso.
Cuando vi la puerta de entrada al piso en el que seguramente estaría Harry mi corazón dio un vuelco y sentía como si estuviesen apretando mi estómago, no sabía que lo peor estaba por venir…

La puerta estaba encajada así que entre cautelosamente.
Todo estaba en silencio. El suelo estaba repleto de botellas, vasos de plástico y papeles. Llegué a lo que parecía ser el salón, todo el mundo estaba dormido en el suelo, el sofá, incluso había una chica tirada encima de una mesa.
La luz de sol que se colaba por las cortinas dejaba ver el polvo flotando en la atmósfera, el lugar olía a alcohol y tabaco.

Harry no estaba tirado en el suelo del salón, no sabía si eso era bueno o malo.
A medida que me hacia paso por el pasillo encontraba a gente dormida en el suelo.
No había fotos en las paredes, sólo grafiti y manchas así que este piso estaría seguramente abandonado.

Entré a una habitación que estaba completamente a oscuras, tocaba la pared en busca del interruptor de la luz.
Al encenderla escuché un gruñido y cerré mis ojos porque la luz me molestó por un segundo. Parpadeé varias veces y centré la vista en las personas que estaban en la cama, una chica de larga y despeinada melena castaña estaba tumbada encima de…Harry.
Lo único que les cubría era una fina sábana blanca, sabía que estaban desnudos porque sus ropas estaban esparcidas por el suelo.
Miré a Harry y vi como se quitaba a la chica de encima y se quedaba sentado en el colchón, parecía desorientado.
Fue entonces cuando se percató de mi presencia, me miró y yo me sentía…adormecida. No sentía absolutamente nada, no podía moverme, estaba paralizada.
Se levantó aprisa y se cubrió con una sábana.

“Taylor por favor, por favor, escúchame.” Me suplicó acercándose a mí, yo seguía sin saber cómo reaccionar. “Di algo, por favor.”

“¿Qué diga algo?” me atreví a contestar al final, si quería que hablase, hablaría. “Así que discutimos y tú no sólo te vas de fiesta, también decides ponerme los cuernos,” hice una pausa y él cerró los ojos apretándolos, “y además me pides que te escuche, no Harry, no te voy a escuchar, se acabó todo, se acabó.”

Al decir ese último se acabó algo dentro de mí se despertó: dolor.
Sentía como si me hubieran clavado un puñal en el corazón y lo estuviesen retorciendo y retorciendo hasta destrozarlo.
Corrí fuera de aquél infierno pero no podía correr fuera de mi mente ni del dolor. No debería sorprenderme de que Harry me haya traicionado de esta manera, no sólo a mí, sino a mi amor hacia él…Pero el dolor es el mismo.

A medida que corría a través de los copos de nieve que caían desde el cielo sentía las lágrimas quemarme las mejillas, y el puñal de mi corazón estaba retorciéndose cada vez más lentamente, haciendo el dolor más intenso.

No sé cómo ni cuando acabé en este baño de un bar, el dolor no me dejaba ver más allá, pero aquí estoy. Sola y malherida en mi interior.
Me senté apoyando mi cabeza contra mis rodillas. Ninguna pose parecía cómoda contra el frío suelo.
Oí  la puerta del baño chirriar al abrirse, no levanté la cabeza, no me importaba quién fuera.  Los pasos se acercaban a mí lentamente, como si la persona dudara, yo sólo rezaba para que no fuera Harry.

“Sabes…Mmm…Sabes que éste es el baño de hombres ¿verdad?”La duda en aquella voz más bien aguda me hizo levantar la cabeza.

No era Harry, era un chico alto de pelo castaño y ojos azules que me miraba con preocupación.

“Oh, lo siento.” Me levanté y me sequé las lágrimas de mis ojos.

Salí del bar, no tenía dónde ir, Harry estaría en casa esperándome para hacer como que nada ha pasado.
Seguía nevando, parecía que ya era por la tarde lo que significa que he tenido que estar bastantes horas en ese baño, tenía hambre y frío. Metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón y encontré varias monedas, las suficientes para poder pagar un billete de autobús, pero, ¿dónde iría? Mis padres no querían tener nada que ver conmigo desde que empecé a salir con Harry, dejé a mis amigos de lado y mi única casa era la que compartía con Harry, su casa.


Me senté en un banco que había justo enfrente del bar a pensar qué podía hacer ahora, todas mis cosas estaban en casa de Harry, incluso mi guitarra y la necesitaba, con ella tocaba en bares y pequeñas fiestas, era lo único que me podía dar dinero.  Las lágrimas empezaron a caer otra vez, todo esto era culpa mía, no podía culpar a Harry de ninguna manera pues yo fui la que aceptó salir con él a sabiendas de que todo lo que está pasando ahora pasaría algún día, tarde o temprano.